27 abril 2009

CARBONERITA

Me da pereza escribir. Se me bloquean las ideas. Sólo miro y miro esta pequeña obra hecha en unas cuantas horas de sentimientos encontrados, de emociones fuertes, pero contenidas…Y me vienen los recuerdos a borbotones. Al igual que el chorro del grifo abierto a todo gas, imposible de detener el agua que circula por él, los recuerdos salen con tanta fuerza mientras pinto que no los puedo parar. Pintar es un desahogo, pero a veces también un suplicio…
Añoro mi tierra, me duele en el alma esta distancia consentida que voluntariamente provoqué, para no tener que soportar los recuerdos en directo… No quiero respirar el silencio de esa casa, aun más llena de muerte que de polvo; muerte de rezos, de historias, de cuentos, de cariños, de labores, de confidencias, de felicidad, de reproches y de tanto dolor…No soporto sentirme entre sus paredes, pero necesito que siga formando parte de mi vida. Al menos, sabiéndola mía, tengo algo de mi identidad a salvo…
Esta acuarela es la interpretación de aquella ráfaga que mi cámara captó desde el Hospital de La Vega en el que Emilia estuvo un tiempo. Es por estas fechas cuando todas las emociones se concentran y hago examen de mi vida en ese instante, en otros que siguieron, en esta tierra y en las gentes con las cuales conviví en ella, y por supuesto con quien fue mi gente…
“¡Cómo quieres que tenga la cara blanca, si soy carbonerita de Salamanca!”

5 comentarios:

siete dijo...

Julia, no te voy a poner nada en tu comentario, hasta que me desveles como puedo ver esa acuarela de la que hablas, me he vuelto loco, y no la encuentro............
Un besazo.

siete dijo...

No sé si es la ventana que aparece debajo, la que tiene un poco de tu alma de reciente pasado, pero te digo Julia, que a mí me encanta, tiene historia, se nota en sus piedras, en su todo gastado, pero no hay cosa que más me atraiga que una ventana, puerta, casa, en mal estado, en ruinas, que aunque pasen cien años, se podrá adivinar que ahí hubo gente habitando, se podrá casi escuchar un corazón palpitando, se podrá imaginar personas amando, vida creando, preparando un mañana, tantas veces soñado, por éso me gustan las casas, puertas,ventanas viejas, porque no están así sin motivo, sino por que ahí han morado seres vivos, no hace mucho, no hace tanto.
Cuántas historias podrían contar sus paredes, cuántos deseos frustrados, cuantas alegrías inesperadas, que como en un cuento de hadas vinieron a alegrar
casa, establos, niños corriendo, risas al aire, días felices en los que seguir soñando.....

Aún guarda recuerdos, verdad? Y es como si una parte de un@ mism@ estuviera amarrado, estuviera enraigado, entre las paredes y la tierra de ése edificio en tan mal estado.
No importa, aunque caiga del todo, aunque desparezca bajo la piqueta para dar paso a un chalet moderno, nunca podrá borrarse de nuestra memoria los momentos vividos, de recuerdos eternos.

Un enorme beso, Julia.
Enrique.

LA ESFERA CULTURAL dijo...

Pintas y pintas, pero escribir tampoco se te da mal. Te invito a participar en La Esfera y que nos honres con tus comentarios.
Esta es tu casa:
www.laesferacultural.com

Laguiru dijo...

Esos sentimientos me suenan. Yo también los he sentido, y los siento de vez en cuando, aunque diferentes protagonistas, diferente entorno... Pero te entiendo.

Jara dijo...

Querida Laura: Gracias por compartir tus pensamientos en mi blog. Sé que me comprendes porque tus emociones las entiendo o por lo menos deseo comprenderlas. Hemos vivido sentimientos parecidos en circunstancias parecidas y nos hemos ayudado. Espero seguir compartiendo todo lo bueno que nos quede por vivir. Besitos